Skip to main content

Video visit appointments available 7 days a week from 9:00am to 11:00pm. Learn More >>

COVID-19 Updates: Get the latest on vaccine information, in-person appointments, video visits and more. Learn More >>

Dos cúmulos: un encuentro casual; en los pasillos del hospital

art 2

La llavecita plateada siempre estuvo guardada dentro de una cajita de madera sobre el escritorio. Casi siempre.

Ese día, la llave del armario con juguetes y materiales de arte estaba pérdida y el armario cerrado. Por lo tanto no podía obtener los materiales que yo quería. Lo cual significaba que debería volver otro día.

Para colmo de males. Yo estaba atrasada. Me había metido al armario y empezado a poner materiales dentro del pequeño vagón rojo que me acompañaba, hubiese salido tarde del trabajo y tarde para recoger a mis hijas. Corrí de regreso hacia mi oficina en Texas Children’s.

Regrese al piso 9 de West Tower justo a tiempo para verles husmear a través de la ventana del oscurecido salón de juegos. Ellos estaban a punto de marcharse, cuando llegue con mi vagón vacío. “¿Puedo ayudarles?”, pregunte a la joven pareja.

Recuerdo su bello vestido de verano y como hacia juego con su bolso. Ella llevaba zapatos de tacón alto. Su largo y liso cabello caía por debajo de sus hombros. El hombre junto a ella también vestía elegantemente. Al aproximarme a ellos, timbró su teléfono. El respondió y se le vio preocupado.

La dama me preguntó sobre el salón de juegos, lleno de juguetes y mesas en donde los pacientes pediátricos de cáncer, jugaban y hacían manualidades en medio del tráfico de sus porta sueros y halando a sus papas protegiendo sus líneas y sus reservorios.

La dama dijo conocer bien el salón. Ella ahí había a menudo jugado con su niño, cuando el permaneció por cierto tiempo en Texas Children’s. El día en que la conocí, estaba visitando a una amistad en el piso para luego volar de regreso a casa en México. Ella se preguntaba si yo sabía algo sobre las obras de arte en las paredes del salón de juegos.

En ese entonces, yo era la nueva coordinadora de actividades de vida infantil “Child Life” para los Centros de Cáncer y Hematología. Una de mis responsabilidades, era crear un espacio confiable, divertido y brillante para los pacientes y la programación de eventos.

Cuando comencé a crear este espacio, había muchos trabajos de arte sobre las paredes, los cuales pertenecían a pacientes anteriores. La mayoría de ellos pegados al azar en varios lugares: Paginas coloreadas de Ariel y de Batman por aquí, robots de cartón y marionetas hechas de bolsas de papel por allá. Las mayorías arrugadas y descoloridas por haber permanecido por largo tiempo sobre una pared frente al ventanal y al inclemente sol de Houston. Ahí había un folder de gran tamaño, el cual yo lo utilizaba para guardar trabajos de arte viejos y poder crear espacio para los nuevos.

Comencé a quitar todo. La mayoría de ello tenia fecha de hace casi un año. Casi no había espacio en el folder para tanto—nada más un puñado de los trabajos cabía ahí. Comencé a juntar dos montones. Uno para guardarlo, uno para tirarlo. Comencé a seleccionar. No existía mucha razón o rima para decidir en cual montón poner cada trabajo. Una gran parte de ellos eran brochazos de color al azar o rayas de crayola.

La dama me dijo pensar que al abandonar el hospital, algunos de los trabajos de su niño se habían quedado olvidados en la pared del salón de juegos. De eso hacía ya mucho tiempo, dijo ella. Yo pensé en mis dos montones de papeles.

Entramos juntos al oscuro salón de juegos y saque el gran portafolios. Le pedí a ella ver conmigo. Empecé a exponer las hojas para que ella las viese. Estábamos a mitad de la tarea cuando ella lo vio.

“¡Ese es!” Recuerdo que exclamo. La más bella sonrisa se reflejó en su rostro. En mi mano yo sostenía un pedazo de papel, arrugado y descolorido. Sobre el mismo, dos pequeñas huellas pintadas y secas. En letras grandes y marcadas, el nombre de su hijo.

Ella comenzó llorar, cogió en sus manos este pedazo de papel arrugado y descolorido y lloro.

Creo que la oí decir, “No puedo creerlo” o quizás estas palabras solamente resonaban en mi cabeza. No lo recuerdo. Aún quedaban más trabajos de arte en el folder. Yo seguí sacando más páginas y ella cogió otra. La segunda.

“El tendrá 3 años de edad,” susurró entre lágrimas y una sonrisa. Recuerdo claramente esas palabras exactas y sus ojos brillantes y llorosos porque ella hablaba como si su hijo estuviese ahí con nosotros. Yo me quede callada. Ella trato de coger la segunda página y por un momento yo tome una punta mientras ella hacia lo mismo con la otra. Ella me dio las gracias una y otra vez. La encamine hacia la puerta del salón y ella se marchó.

Yo permanecí en el oscuro salón de juegos mientras pensaba en la llave perdida y como eso me hizo regresar al salón de juegos en el momento justo para encontrarme con esta mamá. Pensé como el salón representa más que juegos. Las pinturas, los papeles y mis proyectos con los pacientes --por siempre cultivarán mayor importancia. Con cada obra, pensaré en este encuentro en los pasillos del hospital y visualizaré un destino para nuestro trabajo.

Yo pensé en mis dos montones y como no solo uno sino dos de los trabajos manuales de su hijo acabaron milagrosamente en el montón a guardar. Pensé en lo inmerecedora pero privilegiada que me sentí al tocar ese viejo pedacito de papel; Compartir una esquina del mismo solo por un instante junto a la madre de un niño al cual nunca conocí. Un niño que continuará creciendo en el corazón de su madre, mientras que las huellas de sus manitas serán imperecederas, perfectamente calcadas en esa arrugada paginita de papel.

Para leer este blog en Inglés, visite aquí.

Author
1126