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Efectos posteriores en sobrevivientes de cáncer infantil: la nueva epidemia, por el Dr. M. Fatih Okcu, Doctor en Medicina, Maestría en Salud Pública

 
   
Dr. M. Faith Okcu, M.P.H.

Efectos posteriores en sobrevivientes de cáncer infantil: la nueva epidemia
por Dr. M. Fatih Okcu, Doctor en Medicina, Maestría en Salud Pública

Si bien los cánceres que se producen en niños y adolescentes menores de 20 años de edad son relativamente raros (representan sólo el uno por ciento de todos los cánceres diagnosticados), 1 de cada 300 niños desarrollan cáncer antes de los 21 años de edad. El hecho de que más del 70% de los niños a quienes se les diagnostica cáncer sobreviven permite realizar una estadística destacable: para el 2010, se estima que, en los Estados Unidos, ¡una de cada 250 personas de entre 20 y 39 años de edad será sobreviviente de cáncer pediátrico! Estas proyecciones, junto con la información reciente de que dos de cada tres sobrevivientes padecen uno o más efectos crónicos posteriores secundarios a la terapia contra el cáncer, pronostican un importante impacto para la salud pública producido por esta población.

Los efectos posteriores del cáncer infantil incluyen complicaciones, discapacidades o resultados adversos que son resultado del proceso de la enfermedad, de su tratamiento, o de ambos. Han surgido patrones de los efectos posteriores en grupos de sobrevivientes de cáncer infantil que han contribuido a apreciar el cáncer como una enfermedad crónica que implica recibir atención permanente. Tanto como dos tercios de los sobrevivientes de cáncer infantil tienen probabilidades de experimentar por lo menos un efecto posterior, y un cuarto experimentan un efecto posterior que es grave o que puede ser mortal. La gravedad de los efectos posteriores puede ejemplificarse con el reciente hallazgo de un aumento de 10,8 veces la mortalidad de los sobrevivientes a quienes se les diagnosticó la enfermedad entre 1970 y 1986. Mientras la mayoría de estas muertes fueron debidas a la reaparición del cáncer primario, el 21,3 por ciento fueron provocadas por cánceres secundarios relacionados con el tratamiento, toxicidad cardiaca, complicaciones pulmonares y otros efectos adversos.

La aparición de efectos posteriores depende de varios factores, tales como la edad al momento del diagnóstico y la terapia, la gravedad de la enfermedad inicial, los tipos y las dosis de quimioterapia, los campos y las dosis de radiación y las susceptibilidades del paciente individual. Lo que complica el tratamiento de los efectos posteriores es su naturaleza variable. Algunos efectos posteriores se identifican en forma temprana durante el seguimiento en la infancia y en la adolescencia y se resuelven sin consecuencias. Otros pueden persistir o desarrollarse durante la edad adulta y convertirse en problemas crónicos o influir en la progresión de otras enfermedades. La comprensión de los efectos posteriores se complica por la constante evolución de los tratamientos a través de los años. Hay grupos de pacientes, que representan distintas eras de tratamiento, que pueden experimentar series de efectos únicos. Actualmente, al momento del diagnóstico, no tenemos la capacidad de predecir qué niños que padecen cáncer desarrollarán qué efectos posteriores.

En tabla 1 (pdf) se incluye una lista de los efectos posteriores seleccionados. Uno de los efectos más debilitantes es el deterioro cognitivo en niños cuyo cáncer o su tratamiento comprometió el sistema nervioso central. Esto incluye particularmente niños con tumores cerebrales y niños con leucemia o linfoma que recibieron terapia de radiación o quimioterapia específicas aplicadas en su sistema nervioso central. Estos pacientes pueden experimentar deterioros de aprendizaje, dificultades sociales, problemas de ajuste de comportamiento y discapacidades educativas y vocacionales a largo plazo. Ya que las leucemias y los linfomas representan aproximadamente el 40 por ciento de los casos de cáncer infantil y los tumores del sistema nervioso central representan casi el 20 por ciento, aproximadamente el 60 por ciento de los niños tienen riesgo de sufrir daño neurocognitivo, especialmente aquellos que son pequeños al momento de recibir el tratamiento o que reciben un tratamiento particularmente intenso o prolongado. El deterioro puede hacerse aparente con el tiempo y puede incluir la pérdida de cociente intelectual, déficits de memoria a corto plazo, de velocidad de procesamiento, de integración visual-motriz, de atención y de concentración. Otros efectos posteriores importantes incluyen limitaciones psicosociales, como ajuste deficiente, depresión y desempeño disminuido en el área de contactos sociales y amistades.

Si bien no podemos predecir qué sobrevivientes de cáncer infantil desarrollarán qué efecto posterior específico, nuestra comprensión de los posibles efectos posteriores de cada sobreviviente sobre la base de los antecedentes de la enfermedad y del tratamiento es cada vez mayor. En un esfuerzo iniciado por el Comité de Efectos Posteriores del Grupo de Oncología Infantil (Children’s Oncology Group (COG) Late Effects Committee), múltiples fuerzas de tarea específicas de la enfermedad han desarrollado pautas para dar recomendaciones para la selección y el tratamiento de los efectos posteriores que pueden surgir como resultado de exposiciones terapéuticas utilizadas durante el tratamiento contra enfermedades pediátricas. Estas pautas representan una declaración de consenso de un panel de expertos sobre los efectos posteriores del tratamiento contra el cáncer pediátrico. Las recomendaciones se basan en un estudio exhaustivo de la literatura y de la experiencia clínica colectiva de los miembros de la fuerza de tareas, del panel de expertos y del panel de estudio multidisciplinario (que incluye enfermeras, médicos, especialistas en comportamiento y asesores de pacientes y padres). La implementación de estas pautas tiene el objetivo de generar conciencia de los posibles efectos posteriores y estandarizar y aumentar la atención de seguimiento prestada a los sobrevivientes de enfermedades malignas en todo el rango de edades. Estas pautas son un recurso extremadamente importante. Se pueden ver en línea en http://www.survivorshipguidelines.org. En colaboración con el COG, el Dr. David Poplack, Doctor en Medicina, y compañeros de trabajo del Centro de Cáncer del Hospital de Niños de Texas (Texas Children’s Cancer Center) y del Centro de Tecnología de Colaboración e Interactiva de la Facultad de Medicina de Baylor (Baylor College of Medicine’s Center for Collaborative and Interactive Technology) están desarrollando el Pasaporte de Atención; un recurso en línea para sobrevivientes de cáncer infantil. El Pasaporte dará al sobreviviente una sinopsis de su cáncer y de sus antecedentes de tratamiento, listas individualizadas de posibles efectos posteriores y pautas para el control. Entre las características adicionales del Pasaporte se incluirán recursos de información individualizados de interés particular para el sobreviviente, así como un foro de sobrevivientes. Se puede encontrar más información acerca del Pasaporte de Atención en www.txccc.org/pfc.

La clave para predecir los efectos posteriores y reducirlos o eliminarlos en última instancia es comprender las susceptibilidades individuales del paciente a los efectos colaterales del tratamiento. Los estudios traduccionales orientados a identificar marcadores biológicos que pueden ayudar a predecir el desarrollo de ciertos efectos posteriores constituyen una interesante área de investigación. La variación Individual en la respuesta a agentes quimioterapéuticos y a la radiación basada en las diferencias biológicas del paciente es un área de estudio activo. Esta variabilidad en la respuesta a los medicamentos se determina, en parte, genéticamente. Se ha propuesto que la variabilidad en la línea embrionaria del huésped determina las consecuencias biológicas del tratamiento contra el cáncer; particularmente el desarrollo de distintos efectos posteriores a corto y largo plazo. A medida que reunimos más información proveniente de esta investigación farmacogenética, las pruebas genéticas para esta variabilidad pueden facilitar el desarrollo de mejores estrategias para planificar métodos de tratamiento individualizados para pacientes pediátricos y adultos que padecen cáncer que maximizarán el potencial de cura y minimizarán los efectos secundarios crónicos.

Acerca del autor
Dr. M. Fatih Okcu, Doctor en Medicina, Maestría en Salud Pública, profesor adjunto de pediatría de la Facultad de Medicina de Baylor (Baylor College of Medicine) es oncólogo/hematólogo pediátrico y director de investigación del Programa de Sobrevivientes a Largo Plazo del Centro de Cáncer del Hospital de Niños de Texas (Texas Children’s Cancer Center’s Long Term Survivor Program). Entre sus intereses de investigación se cuentan los polimorfismos genéticos que determinan los efectos del tratamiento contra el cáncer.

Referencias
Supervivencia al cáncer infantil: Mejora de la atención y de la calidad de vida. National Cancer Policy Board, Weiner SL, Simone JV, Hewitt M. Washington, DC: The National Academies Press, 2003.

Oeffinger KC, Eshelman DA, Tomlinson GE, Buchanan GR, Foster BM. Calificación de los efectos posteriores en sobrevivientes jóvenes adultos de cáncer infantil seguidos en un entorno adulto ambulatorio. Cancer. 2000 Apr 1;88(7):1687-95.

Mertens AC, Yasui Y, Neglia JP, Potter JD, Nesbit ME Jr, Ruccione K, Smithson WA, Robison LL. Experiencia de mortalidad tardía en sobrevivientes a cinco años de cáncer infantil y adolescente: el Estudio de Sobrevivientes de Cáncer Infantil. J Clin Oncol. 2001 Jul 1;19(13):3163-72.

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