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En este número

Director's Corner por el Dr. David Poplack, Doctor en Medicina

Los anticuerpos monoclonales pueden reducir la recidiva de leucemia aguda después del transplante alogénico de célula madre, por el Dr. Robert Krance, Doctor en Medicina

Tratamiento actual y direcciones futuras de la terapia contra el osteosarcoma, por la Dra. Lisa L. Wang, Doctora en Medicina

Miles to Go: Perspectivas del tratamiento contra el meduloblastoma, por el Dr. Massimiliano De Bortoli, Doctor en Medicina, Dr. Murali Chintagumpala, Doctor en Medicina, y Dr. John Y.H. Kim, Doctor en Medicina, Doctor en Física

Efectos posteriores en sobrevivientes de cáncer infantil: la nueva epidemia, por el Dr. M. Fatih Okcu, Doctor en Medicina, Maestría en Salud Pública

 
   
Dr. John Y. H. Kim

Caminos por recorrer: Perspectivas en el tratamiento del meduloblastoma
por Dr. Massimiliano De Bortoli, Doctor en Medicina, Dr. Murali Chintagumpala, Doctor en Medicina y Dr. John Y. H. Kim, Doctor en Medicina, Doctor en Física

El meduloblastoma es el tumor cerebral maligno primario más común en la infancia. Décadas de estudios clínicos han dado como resultado mejores resultados. Una generación atrás, la tasa de supervivencia era de tres años en menos del 50 por ciento de los casos, y esto hay aumentado a más del 80 por ciento hoy en día. Si bien el meduloblastoma es sensible a la radioterapia y a la quimioterapia, continúa representando un importante desafío para la futura evolución de su tratamiento. Este artículo describe los factores de pronóstico, los actuales métodos de tratamiento y las nuevas estrategias para evitar o minimizar las complicaciones a largo plazo.

Los tumores cerebrales son los tumores sólidos más comunes en la infancia, y representan aproximadamente 3,3 diagnósticos por cada 100.000 niños y contribuyen así de manera desproporcionada a la morbidez y a la mortalidad del cáncer pediátrico. El meduloblastoma (MB, por sus siglas en inglés) representa hasta el 20 por ciento de los tumores cerebrales pediátricos, el tipo de tumor maligno más común. El MB ha permitido de manera modesta realizar mejores en las técnicas neuroquirúrgicas, de radiación y de quimioterapia. La terapia multimodalidad agresiva falla en muchos niños, y los sobrevivientes del MB sufren profundas complicaciones, como retraso del desarrollo y retrasos neurocognitivos como secuelas del tratamiento. La mejora de los resultados clínicos sigue siendo un objetivo prioritario de la investigación en este devastante cáncer [http://prg.nci.nih.gov/brain/finalreport.html].

El pilar del tratamiento clínico sigue siendo la mayor resección quirúrgica posible. La terapia estándar postoperatoria para el meduloblastoma incluye la terapia de radiación (RT, por sus siglas en inglés) y la quimioterapia. Debido a que este tumor es propenso a la diseminación subaracnoide y leptomeníngea, la irradiación craneosespinal (CSI, por sus siglas en inglés) es ampliamente aceptada como requisito para maximizar la cura. Sin embargo, evitar utilizar la CSI en niños debido a su sensibilidad al desarrollo y determinar la dosis óptima de la CSI siguen siendo problemas sin resolver. El esquema y dosis óptimos de la combinación de los agentes de quimioterapia continúan generando debates.

Lamentablemente, el tratamiento curativo puede estar acompañado de efectos del tratamiento que son devastadores a largo plazo, incluidas secuelas neuropsicológicas y neuroendocrinas y disfunción cognitiva. Por lo tanto, entre los actuales desafíos del tratamiento se cuenta la identificación de los factores de pronóstico que pueden identificar los pacientes que requieren una terapia menos intensiva, así como la definición de la dosis y oportunidad óptima del momento de aplicación de la RT y de la quimioterapia.

Diagnóstico
Diagnóstico por imágenes. El sondeo de resonancia magnética (MRI, por sus siglas en inglés) es la modalidad elegida para el diagnóstico y la evaluación serial no invasiva. En la evaluación inicial para la enfermedad metastásica, las exploraciones de diagnóstico realzadas por contraste en general incluyen la MRI supina para complementar el examen citológico del fluido cerebroespinal (obtenido mediante la punción lumbar postoperatoria). El diagnóstico definitivo igualmente depende del exhaustivo examen de las muestras de tumor por parte de neuropatólogos expertos. Hay técnicas adicionales de MR, como la ponderación de difusión/perfusión, la imagen del tensor de difusión y la espectroscopia, que pueden ayudar a la definición preoperatoria del diagnóstico diferencial, especialmente para seguir la respuesta al tratamiento.

Factores de pronóstico. El tratamiento actual del meduloblastoma depende de en qué etapa esté la enfermedad, de la edad del paciente al momento del diagnóstico y de la extensión del tumor residual postoperatorio. Los pacientes que están en una etapa más avanzada de la enfermedad, menores de 3 años, y con un tumor residual de más de 1,5 cm2, tienen peor diagnóstico. Históricamente, la clasificación de los pacientes con meduloblastoma en categoría de riesgo estándar (también denominada categoría de riesgo favorable, de bajo riesgo o de riesgo promedio) y categoría de riesgo elevado se ha basado en el sistema de etapas de Chang, que incluye factores como la extensión del tumor primario (T) y los sitios de la enfermedad metastásica (M). Según este sistema, la enfermedad metastásica es de alto riesgo y la mayoría de los casos de enfermedad no metastásica son de riesgo promedio.

La diseminación neuroaxial (etapa M) se basa en diagnóstico neurológico por imágenes y en citología del fluido cerebroespinal (CSF, por sus siglas en inglés). En el caso ideal, se debe realizar una MRI espinal de diagnóstico antes de la cirugía. Cuando no es posible realizar el diagnóstico por imágenes espinal preoperatorio, no se deben realizar posteriores estudios por imágenes durante un mínimo de 10 a 14 días después de la cirugía para evitar la sobreestimación de los cambios postoperatorios. Además, los estudios citológicos del CSF deben realizarse después del diagnóstico espinal por imágenes definitivo y por lo menos de 10 a 14 días después de la cirugía. El CSF se debe obtener del espacio lumbar, ya que es más sensible que la citología del CSF ventricular.

Se ha demostrado de manera consistente que los niños menores de 3 años representan un factor de pronóstico menos favorable. Las evidencias recientes demuestran que el subtipo histológico también contribuye al resultado, ya que la célula más grande y las variantes anaplásticas confieren un riesgo adicional. La asociación inversa entre el resultado y la variante nodular/dermoplástica no ha resultado consistentemente reproducible.

Tratamiento: El tratamiento estándar es multidisciplinario
Pocos cuestionarían la necesidad de un método de equipo multidisciplinario para el tratamiento clínico de los pacientes con meduloblastoma, de las complicaciones del tratamiento y de sus secuelas a largo plazo. El equipo debe incluir especialistas en las siguientes áreas: neurocirugía pediátrica, oncología de radiación, neurooncología pediátrica, enfermería especializada en oncología, neurología pediátrica, endocrinología pediátrica, oftalmología pediátrica, neuropsicología, terapia física y ocupacional y, por último (pero por cierto no menos importante) apoyo y asesoramiento psicológico.

Cirugía
La resección quirúrgica constituye la base para conocer el diagnóstico definitivo y continúa siendo el pilar del tratamiento. Los beneficios de la mayor experiencia desarrollada a través de avances en las técnicas neuroquirúrgicas, la anestesia pediátrica y los cuidados intensivos no pueden ser pasados por alto. Sin dudas, la extensión del tumor residual depende de su ubicación precisa, que tal vez refleja diferencias biológicas subyacentes, y varía con la práctica quirúrgica local.

Radioterapia
La radioterapia (RT, por sus siglas en inglés) ocupa una función crítica en el tratamiento del meduloblastoma, no sólo en el tratamiento local de la enfermedad residual de gran volumen, sino también en el control regional del tumor posiblemente diseminado. En general se aplica, como dosis convencional al 54Gy (5400 cGY), la RT máxima tolerada en el lecho del tumor primario y en la fosa posterior.

Terapia de irradiación cráneo espinal
La terapia de irradiación cráneo espinal (CSI, por sus siglas en inglés) sigue siendo la principal terapia adyuvante en el tratamiento posquirúrgico del meduloblastoma en niños menores de 3 años.

En general, en la CSI se aplican 36 Gy en todo el neuroeje y un “refuerzo” local hasta una dosis acumulativa de 54 Gy en la fosa posterior, la cual sigue siendo la dosis de radiación preferida para el meduloblastoma de alto riesgo. Ya que la radiación puede afectar adversamente la calidad de vida debido a los déficits cognitivos, neuropsicológicos o neuroendocrinos a largo plazo, una pregunta obvia que se presenta es si las tasas de cura se pueden mantener si se reducen las dosis de radiación convencionales. Los datos preliminares sugieren que una combinación de radiación de dosis reducida (23,4 Gy) después de la cirugía y la quimioterapia adyuvante durante la RT y después de ésta pueden producir un mejor resultado y se la considera ampliamente como el tratamiento estándar para pacientes con meduloblastoma de riesgo estándar. Actualmente, el Grupo de Oncología Pediátrica está estudiando una nueva reducción de la dosis de RT (a 18 Gy) con quimioterapia en el ensayo clínico de Fase III para el meduloblastoma de riesgo estándar en un intento por mejorar el resultado general minimizando a la vez de manera simultánea las toxicidades a largo plazo relacionadas con el tratamiento.

Técnicas conformadas
Las nuevas técnicas para la aplicación de RT, como RT de intensidad modulada (IMRT, por sus siglas en inglés) hacen posible “conformar” la dosis de radiación al contorno del volumen del tumor, sin importar que tenga una forma irregular y evitando así los tejidos normales circundantes. Una ventaja putativa de la radioterapia conformada en el tratamiento del meduloblastoma es que la aplicación de una dosis menor en la cóclea puede reducir el potencial de ototoxicidad, que tiene particular importancia en niños que reciben quimioterapia adyuvante con cisplatina. No hay un consenso estricto respecto de la RT conformada en la fosa posterior. El uso de técnicas de aplicación conformada puede confundir la evaluación de las secuelas a largo plazo del tratamiento en un entorno de grupo cooperativo. Esta observación se puede ejemplificar mediante informes recientes de los análisis de dosis aplicadas en el tejido normal circundante utilizando distintas técnicas de radioterapia conformada para el refuerzo de la fosa posterior. Es crítico desarrollar un consenso respecto de cuál es la técnica conformada óptima que debe utilizarse en el tratamiento del meduloblastoma.

El hiperfraccionamiento (aumento de la cantidad de fracciones con una menor dosis por fracción) puede mejorar la tolerancia de una mayor dosis total de radiación, pero a través de varios ensayos se ha llegado a la conclusión de que la falta de un beneficio de supervivencia aparente no justifica el uso de esta modalidad de tratamiento en el meduloblastoma infantil. Desafíos similares han surgido con al advenimiento de la terapia de haz de protones, que está disponible sólo en unos pocos centros. La ventaja teórica en la CSI para el uso de protones en lugar de fotones reside en la dosis limitada que se aplica en los tejidos que no son objeto del tratamiento, y está siendo sometida actualmente a estudios activos.

Quimioterapia
Quimioterapia neoadyuvante (previa a la irradiación) – Estudios recientes que han evaluado la función de la quimioterapia en pacientes de alto riesgo han determinado que el uso de la quimioterapia neoadyuvante (previa a la irradiación) en comparación con la quimioterapia posterior a la radiación en pacientes de alto riesgo tiene limitaciones. Un estudio de Grupo de Oncología Pediátrica (POG 9031) no pudo demostrar que exista una diferencia en el resultado entre los pacientes de alto riesgo que reciben quimioterapia previa versus quimioterapia posterior a la RT con cisplatina, vincristina y etoposida. Sin embargo, los pacientes que recibieron cisplatina después de la terapia de radiación sufrieron una mayor ototoxicidad.
La Sociedad Alemana de Hematología y Oncología Pediátrica realizó un ensayo randomizado (HIT ‘91) confundida por el hecho de que los brazos de tratamiento no son equivalentes. Sin embargo, fue evidente que la terapia neoadyuvante en este estudio estuvo asociada con una mayor mielo toxicidad, que tuvo como resultado retrasos en el inicio de la RT y también interrupciones durante la RT durante la posterior radioterapia. Como resultado de esto, hubo más interrupciones en el tratamiento y, en general, un mayor tiempo de tratamiento.
Si bien han sido aplicados en situaciones selectas, incluida la quimioterapia mínimamente mielo supresora junto con la RT, los métodos estándar se han apartado de la quimioterapia previa a la irradiación para evitar retrasar el tratamiento regional definitivo con la radiación.

Quimioterapia adyuvante (posterior a la irradiación) – Dados los resultados alentadores de los primeros ensayos clínicos, y para limitar el impacto de la irradiación cráneo espinal en el resultado del neurodesarrollo, en ensayos contemporáneos para pacientes de riesgo estándar se ha utilizado una dosis reducida de CSI más la quimioterapia adyuvante en un intento por mantener las tasas de cura con una mejor toxicidad.
El ensayo randomizado prospectivo realizado por el Grupo de Oncología Pediátrica para el meduloblastoma de riesgo estándar (COG-A9961) comparó un régimen basado en ciclofosfamida (citoxan, cisplatina y vincristina) con un régimen basado en CCNU (CCNU, cisplatina y vincristina) después de una dosis reducida de CSI (23,4 Gy), que tuvo como resultado tasas de supervivencia generales similares a cinco años del 81 por ciento (± 2,1 por ciento) y del 86 por ciento (± 9 por ciento), respectivamente.

Quimioterapia con dosis intensificada con soporte de células madre – Como resultado, los ensayos recientes en pacientes con riesgo estándar y con alto riesgo están evaluando la factibilidad y la eficacia de la quimioterapia de dosis elevada con rescate de células madre después de la radiación neuroaxial adaptada al riesgo.

Se están analizando los resultados a largo plazo de este protocolo comprimido y el estudio de seguimiento está reuniendo actualmente pacientes en nuestras instituciones y en otros centros.

Desafío especial: niños con meduloblastoma
El pronóstico para los niños menores de 3 años de edad que tienen meduloblastoma es considerablemente peor que el de los niños mayores. Entre los factores responsables del resultado inferior en estos pacientes se cuentan: mayor incidencia de recidiva y diseminación neuroaxial. Si bien la CSI es una terapia efectiva, la inaceptable elevada incidencia de las secuelas neuropsicológicas en niños pequeños e infantes ha llevado a utilizar actualmente estrategias de tratamiento que se basan en regímenes de quimioterapia de combinación postoperatoria primaria para retrasar u obviar la irradiación para disminuir los riesgos de retraso del desarrollo asociados con la edad y los déficits intelectuales en estos jóvenes pacientes.

Si bien los estudios clínicos han demostrado que la quimioterapia posquirúrgica en niños es factible, el principal objetivo del uso de dicha terapia (para retrasar sustancialmente la necesidad de radiación) se ha logrado sólo en una minoría de pacientes, debido a que la mayoría de los pacientes sufrieron la recurrencia de la enfermedad, en forma local o diseminada, dentro de los 6 a 9 meses posteriores al inicio de la terapia. Los niños que padecen la progresión de la enfermedad durante la quimioterapia inicial se pueden curar con radiación de recuperación. No sorprende que los niños que reciben este tratamiento experimenten declives sustanciales de la función cognitiva, y la mayoría experimenta problemas neuroendocrinos.

Le Sociedad Alemana de Hematología y Oncología Pediátrica aplicó este tipo de tratamiento en infantes y niños pequeños con meduloblastoma. Recientemente informó resultados alentadores utilizando solamente quimioterapia postoperatoria en pacientes menores de tres años de edad con enfermedad no metastásica. Debemos mencionar que el tratamiento incluyó tres ciclos de quimioterapia intravenosa (ciclofosfamida, vincristina, metotrexato, carboplatina y etoposida) y metotrexato intraventricular (Rutkowski et al. N Engl J Med 2005;352:978-86.). Sin embargo, han surgido dudas respecto de la conocida neurotoxicidad del metotrexato, especialmente en este grupo de corta edad.

En un intento por mejorar la supervivencia general y el resultado terapéutico en los niños con meduloblastoma, el Consorcio de Tumor Cerebral Pediátrico inició un estudio que usa una nueva estrategia terapéutica que incorpora la terapia intratecal más la introducción temprana de terapia de radiación de campo limitado en un intento por controlar la enfermedad leptomeníngea sin las toxicidades asociadas con la radiación neuroaxial. En este ensayo, los niños reciben un breve período (aproximadamente 20 semanas) de quimioterapia sistémica e intratecal postoperatoria, seguido de radioterapia conformada en el sitio del tumor original, seguido de 20 semanas más de quimioterapia sistémica. El criterio principal de valoración del estudio es la evaluación de la factibilidad de la administración de quimioterapia intratecal postoperatoria a niños con meduloblastoma recién diagnosticado. Además, se hará una estimación de la supervivencia posterior libre de progresión y del patrón de falla asociado con el uso de esta estrategia de tratamiento en niños con enfermedad local inicial (etapa M0) en el diagnóstico.

Los ensayos clínicos de COG actualmente en curso incluyen un estudio piloto Fase I/II de quimioterapia intensiva con soporte de célula madre periférica en niños con tumores cerebrales malignos, incluido el meduloblastoma (ACNS-99703). La quimioterapia postoperatoria de inducción, basada en CCG-9921A, consiste de ciclofosfamida, etoposida, vincristina y cisplatina, con rescate de células madre; seguida de tres ciclos de consolidación de carboplatina y dosis escalada de tiotepa con soporte de células madre. Otro método utilizado en niños pequeños (mayores de 8 meses menores de 3 años) destacado en un estudio Fase III COG (9932) es la aplicación de cirugía de segunda mirada y RT conformada (limitada a la fosa posterior y al sitio del tumor principal) con quimioterapia sistémica.

Más allá de la terapia estándar: ensayos clínicos
La discusión de los marcadores pronóstico biológicamente activos está más allá del alcance de este artículo. Podemos decir brevemente que los cada vez más sofisticados y detallados estudios de la biología tumoral y los análisis genómicos de las muestras de meduloblastoma, junto con estudios clínicos, han arrojado perfiles citogenéticos y patrones de expresión génica asociados con características y resultados biológicos. Se ha identificado un catálogo que va en aumento y que contiene significativas lesiones citogenéticas, marcadores de superficie celular y factores intracelulares, incluidas las vías de señalización ErbB2/Her1, TrkC y Shh. Es suficiente mencionar que están siendo sometidos a una activa investigación para conocer sus mecanismos de acción. Están siendo analizados prospectivamente y varios de ellos son objeto de agentes de base biológica en ensayos clínicos.

Existe una amplia variedad de ensayos clínicos disponibles para niños que padecen meduloblastoma progresivo o recurrente. Estos ensayos van desde ensayos Fase I de nuevos agentes o combinaciones: oxaliplatina, VNP40101M (Cloretazina), temozolomida con irinotecán y vincristina. Otros ensayos prueban los agentes de base biológica que inhiben la señalización celular por medio del receptor del factor de crecimiento epidérmico (por ejemplo: GW572016 (Lapatinib), OSI-774 (Tarceva) con temozolomida), interfieren con la invasión celular tumoral (EMD121974 (Cilengitida)), o interrumpen la expresión genética celular (ácido valproico). Avances en biología tumoral y en neurobiología del desarrollo han identificado posibles objetivos para la aplicación de nuevas tecnologías y ofrecen la esperanza de métodos terapéuticos que son más efectivos y menos tóxicos que los tratamientos convencionales.

Conclusiones
En las últimas décadas, se han hecho avances en el tratamiento del meduloblastoma infantil. Sin embargo, a pesar de este progreso, se requiere continuar con la investigación para desarrollar estrategias de tratamiento efectivas para pacientes de alto riesgo y para minimizar las secuelas neurocognitivas y neuroendocrinas a largo plazo potencialmente devastadoras asociadas con los actuales regímenes de tratamiento. Un área de permanente investigación y enfoque es la dosis óptima y el método de aplicación de la radioterapia. Tal como lo han demostrado estudios de terapia adyuvante en niños, el control de la enfermedad sin radioterapia no es factible en la mayoría de los pacientes. Por lo tanto, se están evaluando nuevas estrategias de tratamiento que combinan la quimioterapia con dosis reducida o irradiación de campo limitado. Además, es necesario definir con mayor precisión las combinaciones y las dosis óptimas de quimioterapia. Hay estudios en curso para evaluar la factibilidad de la quimioterapia de dosis elevada después de la radiación neuroaxial. Por último, los estudios prospectivos actualmente en curso y futuros que evalúan las características biológicas del tumor servirán como instrumento para definir con mayor precisión las categorías de riesgo del tratamiento. Le meta última es desarrollar estrategias de tratamiento basadas en el riesgo que incorporen combinaciones apropiadas de quimioterapia con irradiación para maximizar la tasa de cursa para todos los pacientes, reduciendo a la vez las secuelas a largo plazo derivadas de la terapia.

Acerca de los autores
Dr. Massimiliano De Bortoli, Doctor en Medicina, es asociado postdoctorado del Centro de Cáncer del Hospital de Niños de Texas. El Dr. Bortoli es hematólogo/oncólogo pediátrico que se formó en la Universidad de Padua, Italia. Sus áreas de interés en la investigación incluyen el análisis genómico, las vías de señalización intracelular y la regulación del crecimiento de los tumores sólidos pediátricos.

Dr. Murali M. Chintagumpala, Doctor en Medicina, es director clínico del Programa de tumor cerebral del Centro de Cáncer del Hospital de Niños de Texas y profesor adjunto de pediatría en la Facultad de Medicina de Baylor (Baylor College of Medicine). Es investigador principal de un estudio multiinstitucional para el tratamiento de los meduloblastomas en el Centro de Cáncer.

Dr. John Y. H. Kim, Doctor en Medicina, Doctor en Física, es oncólogo/hematólogo pediátrico y miembro del Programa de tumor cerebral del Centro de Cáncer del Hospital de Niños de Texas (Texas Children’s Cancer Center's Brain Tumor Program) y profesor adjunto de pediatría en la Facultad de Medicina de Baylor (Baylor College of Medicine). La investigación desarrollada por el Dr. Kim se concentra en el meduloblastoma desde las perspectivas de la biología del tumor cerebral y de la neurobiología del desarrollo. Su laboratorio investiga los mecanismos que median la neurogénesis normal y también influyen en la tumorigénesis. En su investigación aplica una amplia gama de métodos que van desde la genómica, pasando por la genética molecular, hasta los métodos bioquímicos y de biología celular.

Agradecimientos
A los Dres. Stacey Berg y Susan Blaney del Centro de Cáncer del Hospital de Niños de Texas (Texas Children’s Cancer Center) y de la Facultad de Medicina de Baylor (Baylor College of Medicine), en cuyo estudio publicado se basó esta actualización.

Referencias
Publicaciones de particular interés, en:
Chintagumpala M, Berg S, Blaney SM. (2001). Controversias del tratamiento del meduloblastoma. Curr Opin Oncol. 13: 154-9.

Enlaces
Traducción: http://world.altavista.com/ (Traducción de BabelFish: se puede ingresar en el texto y traducirlo)

Educación, asesoramiento e investigación para pacientes http://www.nlm.nih.gov/medlineplus/ency/article/000768.htm (Medline Plus Article, Biblioteca Nacional de Medicina de los Estados Unidos (U.S. National Library of Medicine) e Instituto Nacional de Salud (National Institutes of Health))
http://www.cancer.gov/cancertopics/pdq/treatment/childbrain/patient/ ((PDQ® Article, Instituto Nacional del Cáncer de los Estados Unidos (U.S. National Cancer Institute), Instituto Nacional de Salud (National Institutes of Health))
http://www.abta.org/ (Asociación Americana del Tumor Cerebral - The American Brain Tumor Association)
http://www.cancer.org/ (Sociedad Americana del Cáncer - The American Cancer Society)
http://www.childhoodbraintumor.org (Fundación del Tumor Cerebral Infantil - The Childhood Brain Tumor Foundation)
http://www.cbtf.org/ (Fundación del Tumor Cerebral Infantil - The Children’s Brain Tumor Foundation)
http://www.pbtfus.org/ (Fundación del Tumor Cerebral Pediátrico de los Estados Unidos - The Pediatric Brain Tumor Foundation of the U.S.)
http://www.tbts.org/ (Sociedad del Tumor Cerebral - The Brain Tumor Society)

Información clínica para prestadores de atención médica
http://www.childrensoncologygroup.org/ (Grupo de Oncología Infantil - Children’s Oncology Group)
http://www.cancer.gov/clinical_trials/ (Motor de búsqueda de ensayos clínicos, Instituto Nacional del Cáncer de los Estados Unidos (U.S. National Cancer Institute), Instituto Nacional de Salud (National Institutes of Health))
http://www.soc-neuro-onc.org/ (Sociedad de Neurooncología - Society for Neuro-Oncology)
http://www.siop.nl/ (Société Internationale d’Oncologie Pédiatrique)
http://www.survivorshipguidelines.org/ (Pautas Clínicas para la Atención de Sobrevivientes a Largo Plazo - Clinical Guidelines for Long-term Survivor Care)

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