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La incidencia anual de carcinoma nasofaríngeo (CNF) varía desde 50 casos cada
100.000 personas en el Sur de China, Sudeste Asiático, y en la cuenca del
Mediterráneo, hasta 1 caso cada 100.000 personas en el resto del mundo. Si bien
el CNF es una forma rara de cáncer infantil en los Estados Unidos y en Europa,
representa aproximadamente entre el 40 y el 50 por ciento de los tumores
malignos infantiles en la nasofaringe.1,2
Patogénesis
El CNF surge de las células epiteliales de la nasofaringe y casi todas las
formas no keratinizantes y no diferenciadas de este tumor se asocian al virus
Epstein-Barr (VEB).3 Además del VEB, los
factores genéticos y ambientales tienen una función importante en la patogénesis
del CNF. Por ejemplo, muchos tumores tienen eliminaciones somáticas de
cromosomas que resultan en la pérdida de los genes supresores del tumor y, en
las zonas endémicas, los parientes directos de pacientes con CNF tienen mayor
riesgo de desarrollar CNF, lo que resalta la contribución de los factores
genéticos de riesgo. Los factores ambientales también tienen su función en el
desarrollo de esta enfermedad, incluido el consumo de pescado seco y de hierbas
chinas.1,2
Presentación clínica
La presentación clínica más común del CNF es una masa indolora en la parte
superior del cuello, seguida de signos y síntomas de obstrucción nasal, pérdida
de audición y dolor de cabeza. Además, los pacientes pueden presentar disfagia o
signos de compresión nerviosa, que incluyen ptosis, pérdida de visión y
anomalías en el sentido del gusto. El diagnóstico diferencial incluye infección
de las vías respiratorias superiores y otros tumores malignos como linfomas,
tumores cerebrales y rabdomiosarcoma.
Examen, diagnóstico y etapas
En las áreas endémicas de CNF, como el sudeste asiático, el examen de la masa es
una opción atractiva para diagnosticar pacientes con enfermedad en etapa
temprana, lo que resulta en mejores resultados en el tratamiento. La mayoría de
las estrategias de examen aprovechan la presencia de VEB en las células malignas
del CNF y miden la respuesta inmune al antígeno del VEB y/o a la carga de
VEB-ADN en la sangre periférica de los pacientes.4,5
Si bien estas pruebas también pueden ayudar a diagnosticar el CNF, actualmente
la biopsia del tumor se considera estándar para confirmar el diagnóstico. Una
vez establecido el diagnóstico, los pacientes requieren un diagnóstico
exhaustivo, que incluye resonancia magnética (RMI), tomografía computada (TC) y
ecografía de huesos, para determinar el alcance de la enfermedad.2 Esto es crítico, ya que el
estado de la enfermedad determina el tratamiento y el resultado. El uso de la
tomografía por emisión de positrones (TEP) ha demostrado promesa de seguimiento
del estado de la enfermedad y de respuesta a la terapia, sin embargo, su función
en la determinación de la etapa de la enfermedad deberá establecerse en estudios
futuro.
Terapia estándar y resultados
En general, el CNF se considera un tumor no reseccionable, debido a su compleja
ubicación anatómica. El CNF es un tumor muy sensible a la radiación, y la
radiación ha sido utilizada como único agente en pacientes con lesiones
primarias confinadas con excelentes resultados. Sin embargo, la mayoría de los
pacientes que presentan enfermedad avanzada localizada tienen recidiva después
de la terapia de radiación. En las últimas dos décadas se han desarrollado con
éxito regímenes de tratamiento que combinan quimioterapia y radiación para
reducir el riesgo de recidiva.1,2,6
Al igual que en los adultos, las estrategias de tratamiento utilizadas
actualmente para los pacientes con CNF pediátrico con enfermedad local avanzada
incluyen quimioterapia con platino y terapia de radiación en dosis altas con
resultados de tasas de supervivencia generales de más del 70 por ciento.7 Sin
embargo, los sobrevivientes a largo plazo sufren una gama de complicaciones que
incluyen hipotiroidismo, xerostomía, enfermedad dental y pérdida de audición.8,9 Por lo tanto, los esfuerzos
actuales para reducir los efectos secundarios de las terapias convencionales se
centran en la utilización de radioterapia de intensidad modulada (RIM) y agentes
citoprotectores como la amifostina.
Los pacientes con enfermedad recurrente a menudo presentan enfermedad
metastásica y el resultado para esta población de pacientes sigue siendo pobre.
Por lo tanto, se necesitan nuevas terapias que puedan mejorar la supervivencia
libre de enfermedad a pacientes con enfermedad metastásica y que puedan, en
última instancia, reducir la incidencia de complicaciones a largo plazo
relacionadas con el tratamiento en todos los pacientes. Las inmunoterapias
sostienen la promesa de satisfacer estas dos necesidades, y varios grupos,
incluido el nuestro, están desarrollando activamente inmunoterapias contra el
CNF orientadas a los antígenos del VEB en tumores de CNF.
Inmunoterapias contra CNF
La fuerte asociación del CNF con el VEB hace de la inmunoterapia orientada a los
antígenos del VEB una atractiva opción terapéutica. Si bien las células
VEB-positivas del CNF no expresan antígenos inmunodominantes de VEB, la
expresión de los antígenos subdominantes de VEB LMP1 y/o LMP2 provee antígenos
blanco para células T citotóxicas específicas de VEB (LTC).10 Además, las células del CNF expresan
los antígenos de VEB EBNA1, que es reconocido por las células T específicas de
VEB no citotóxicas (células T colaboradoras). Como los pacientes con CNF tienen
células T específicas para LMP2, EBNA1 y, en menor grado, para LMP1 en su sangre
periférica, los métodos inmunoterapéuticos se centran actualmente en activar y
expandir estas respuestas específicas a las células T.
Se ha evaluado una vacuna de célula dendrítica LMP2 en 16 pacientes con CNF y se
demostró que es segura, pero la actividad antitumoral fue limitada.11
Actualmente, un grupo de investigadores en Inglaterra y Hong Kong están probando
una vacuna basada en el virus vaccinia que tiene como blanco EBNA1 y LMP2. Otra
estrategia para aumentar la respuesta inmune al VEB es el uso de terapias de
células T. Las terapias de células T para tumores malignos consisten en extraer
sangre a los pacientes, activar y expandir las células T antígeno-específicas en
el laboratorio y volver a infundir las células T al paciente. Nuestro grupo ha
sido pionero en el uso de esta estrategia para prevenir y tratar tumores
malignos VEB-positivos después del transplante de células madre con LTC
VEB-específicos y, más recientemente, para tratar linfomas y CNF VEB-positivo.12-14
Hasta ahora, tres grupos de investigadores han informado acerca del uso de LTC
VEB-específicos para la inmunoterapia adoptiva de pacientes con CNF recidivo/refractario.14-16
Hemos evaluado la seguridad y la eficacia de los LTC VEB-específicos en dos
ensayos clínicos de Fase I y hemos tratado un total de 33 pacientes con CNF en
etapa avanzada. Antes de hacer la transferencia de la infusión con LTC, ocho
pacientes estaban en remisión, 23 tenían la enfermedad activa y 2 tenían
estudios por imágenes anormales de significado desconocido. Siete de los ocho
pacientes en remisión continúan en remisión 6 a 64 meses después de la infusión
con LTC. En los 25 pacientes restantes, la mejor tasa de respuesta general fue
del 50 por ciento con seis respuestas completas, que se han sostenido durante 2
a 4 años en cuatro pacientes, mientras que 2 pacientes tuvieron recidiva más de
2 años después de la terapia con LTC.14,17
Actualmente estamos diseñando estrategias para mejorar la actividad anti-CNF de
los LTC VEB-específicos infusionados y estamos llevando a cabo 2 estudios
clínicos de Fase I en nuestro centro en los que se infunde un producto de célula
T que tiene una mayor frecuencia de células T que son específicas para los
antígenos LMP1 y LMP2 expresados en el CNF. En modelos preclínicos, también
estamos probando activamente métodos genéticos para aumentar la actividad
antitumoral de las células T VEB-específicas infundidas.18
Conclusiones
El CNF es un raro tumor pediátrico y casi todos los tumores son VEB positivos.
El CNF ha sido un modelo muy instructivo sobre cómo los virus, el medio ambiente
y los factores genéticos interactúan y contribuyen así a la transformación
maligna de las células normales. Los pacientes con enfermedad local limitada
tienen excelentes resultados con radiación y quimioterapia combinadas, sin
embargo, el pronóstico para los pacientes con enfermedad metastásica/recidiva
sigue siendo pobre. Se están desarrollando inmunoterapias para CNF que apuntan a
los antígenos del VEB y los resultados clínicos iniciales son alentadores.
Mientras que las actuales inmunoterapias se reservan a pacientes en los que
fallan las terapias convencionales, las inmunoterapias tienen el potencial de
ser incorporadas en la terapia inicial en el futuro. Si tiene éxito, este método
podría adaptarse a otros tumores malignos pediátricos para los cuales se han
identificado antígenos tumorales.
Chrystal U. Louis,
Doctora en Medicina, Maestría en Salud Pública
Stephen Gottschalk,
Doctor en Medicina, ies profesor adjunto de Pediatría en
Baylor College of Medicine y completó su beca en Texas
Children’s Cancer Center en junio de 2001. Es miembro de los
Equipos de Transplante de Médula Ósea y de Neuro-Oncología y
sus intereses de investigación están abocados al área de
inmunoterapia de tumores sólidos y tumores cerebrales.
Helen E Heslop,
Doctora en Medicina, es profesora de Pediatría, Medicina
y del Centro para Terapia Celular y Genética (Center for
Cell and Gene Therapy) de Baylor College of Medicine y se
desempeña como Directora del Programa de Transplante de
Médula Ósea y de Células Madre en Adultos del Centro para
Terapia Celular y Genética, Baylor College of Medicine, de
The Methodist Hospital y de Texas Children's Hospital. Los
intereses de investigación de la Dra. Heslop se abocan al
área de inmunoterapia adoptiva para infecciones virales y
cáncer.
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